Hay dos aproximaciones distintas al siguiente vídeo: una, sonreír ante el descaro del orangután que decide echar mano de los pechos de esta turista rusa en Bangkok; o dos, entristecerse porque evidentemente se trata de orangutanes amaestrados y esa combinación se sonrisa cómica y magreo mal disimulado es todo parte de un numerito ensayado a base de privación y castigo. El simio está trabajando, y su dueño consideró que meterle mano a las señoras era un truco lo suficientemente gracioso como para rentabilizar los cuidados del bicho. ¿A que ya no hace tanta gracia?

El orangután sobón


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15 Jul 2016