CONVERSACIÓN ENTRE DOS PEDAZOS DE MIERDA
Sentado en el inodoro y deseando aliviar mis intestinos después de una serie de brutales comidas recargadas de condimentos y con un soberano pedazo de mierda, atravesado en el culo, que no se movía ni para adelante ni para atrás, decidí confrontarlo y tener una amable conversación con él a pesar del tormento que para mí representaba el sufrir estreñimiento y no poder expulsarlo en forma expedita pues llevaba allí aplastado, perdiendo el tiempo miserablemente, casi media hora con el hoyo expuesto y adolorido por el inhumano esfuerzo por tirar el tronco al río.
Pedazo de mierda,- le dije lo más amablemente que la situación me lo permitía- no sabes el reconcomio que me provoca tu insensato deseo de permanecer atorado en la entrada de mis intestinos pues sé que estás en la puerta próximo a salir pero tu tamaño, sequedad y grosor parecen haberte anclado de tal manera que ni un buen pedo dejas tirarme. De tal manera que, como el perro del hortelano, ni sales ni dejas salir y la desesperación hace presa en mi atribulado espíritu. Dime mequetrefe, ¿qué ganas con comportarte de esa manera tan despreciable haciendo sufrir a quién te ha creado con tanto amor y comedimiento?
A lo que el pedazo de mierda, para mi mayúscula sorpresa, contestó: querido hacedor de mierdas, como tú mismo te has autonombrado, no me culpes de tus tribulaciones que bien ganadas las tienes porque, de sobra sabes, que son tus malditas costumbres alimenticias las que te tienen postrado en el retrete pariendo cuates, con los carrillos inflados y la tez encendida por los esfuerzos sobrehumanos para tratar de deshacerte de tu infame creación.
Ah, ingrato pedazo de mierda- vociferé, fuera de mí, al tiempo que daba un tremendo pujido que casi me atrofia las vísceras y me revienta los oídos - ingrato y estúpido te portas conmigo que tengo que soportar tus insolencias mientras muero en vida tratando de hacer una amigable cagada y mantener un diálogo fraterno contigo y me pagas de esta guisa, regodeándote en mi desgracia pero sólo te digo que: ¡hay un Dios!, pedazo de mierda, que todo lo ve y lo juzga… ahhhhhhhhhhhhhh…
No te desgastes en esfuerzos inútiles, pedazo de mierda - dijo serenamente amoldado y adherido firmemente a las paredes del recto el ruin pedazo de mierda - que bien sabes que, si no logras expulsarme por tus propios medios, pronto necesitarás una ruda lavativa para librarte de mi presencia en tu culo guango… ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…
Se me erizaron los vellos de la nuca y sentí un sudor frío recorrer mi espina dorsal al escuchar la demencial risa, que parecía salida de ultratumba, de un verdadero pedazo de mierda y, digo verdadero, porque los que yo conozco son tipos que hasta llamarlos pedazos de mierda es un título bastante moderado para los méritos que, día con día, se afanan en perpetrar.
Así es mi querido anfitrión - prosiguió el recalcitrante residuo fecal - tú también eres un pedazo de mierda pululando en este mundo y apestas tanto o más que yo. ¿Acaso no te has dado cuenta de que la mayoría de los que te rodean (pedazos de mierda también pues nadie ve la paja en el ojo ajeno) así te consideran? Puja, puja hasta desgarrarte y sangrarte el culo pues es el único medio de que dispones para liberarte de tu álter ego, tu pedazo de mierda, tu símil pues estamos cortados por la misma tijera… puja, puja infeliz, puja… ja, ja, ja, ja…
Y pujé, por Dios que pujé con todo el ímpetu que el coraje acumulado me daba pero el boquete era estrecho y el pedazo de mierda era en realidad un pedazote de la mierda más dura y obstinada que haber pueda en el universo y dispuesta a llevarme la contraria y hacerme ver mi suerte. Pujé y fui vencido una y otra vez por un mísero desecho excrementicio que se carcajeaba dentro de mis entrañas con sonidos escatológicos en sus dos vertientes de significado.
- Maldito mojón de mierda, valga la redundante y cacofónica expresión, atorado desde hace días y, seguramente, ya comenzando el proceso de putrefacción que me puede llevar a un fin lastimoso y cruel… ajjjjjjjjjjj… te he de echar fuera de mí aunque sea esto lo último que haga en la vida… ajjjjjj…
A fe mía - gruñó la majada parlante - que el tipo tiene agallas y vaya que está haciendo su mejor esfuerzo para librarse de mí… oh, nooo… lo está logrando… auxilioooo… ahhh, que los dioses paganos me amparen…
Y se precipitó en el agua de la taza cayendo estrepitosamente como una piedra, si Newton no mintió, con una aceleración de 9.8 m/seg2, salpicando las magulladas y asquerosas nalgas de su interlocutor que exultante gritaba a todo pulmón:
- Ahhh… volví a nacer… uffff… y aunque me voy con el culo deshecho y en jirones parto feliz por haber vencido esta angustiosa prueba y te dejo allí, deleznable plasta de mierda que osaste compararme contigo y, te digo que no mereces ni que le jale a la cadena… simplemente cantando me voy… y allí te quedas excremento parlanchín… ja, ja, ja… el que ríe al último, ríe mejor… ja, ja, ja…
- No sé nadar… glub, glub, glub… - balbuceaba entre boqueadas de ahogado el mísero y pestilente pedazo de mierda humana. Triste fin al ser menos aún que la caca de elefante con la cual se fabrica papel y se abonan los campos de labranza. Y allí quedó varada en el fondo como silencioso recuerdo de lo que un día fue una abundante y apetitosa comida.
* * *
Sentado en el inodoro y deseando aliviar mis intestinos después de una serie de brutales comidas recargadas de condimentos y con un soberano pedazo de mierda, atravesado en el culo, que no se movía ni para adelante ni para atrás, decidí confrontarlo y tener una amable conversación con él a pesar del tormento que para mí representaba el sufrir estreñimiento y no poder expulsarlo en forma expedita pues llevaba allí aplastado, perdiendo el tiempo miserablemente, casi media hora con el hoyo expuesto y adolorido por el inhumano esfuerzo por tirar el tronco al río.
Pedazo de mierda,- le dije lo más amablemente que la situación me lo permitía- no sabes el reconcomio que me provoca tu insensato deseo de permanecer atorado en la entrada de mis intestinos pues sé que estás en la puerta próximo a salir pero tu tamaño, sequedad y grosor parecen haberte anclado de tal manera que ni un buen pedo dejas tirarme. De tal manera que, como el perro del hortelano, ni sales ni dejas salir y la desesperación hace presa en mi atribulado espíritu. Dime mequetrefe, ¿qué ganas con comportarte de esa manera tan despreciable haciendo sufrir a quién te ha creado con tanto amor y comedimiento?
A lo que el pedazo de mierda, para mi mayúscula sorpresa, contestó: querido hacedor de mierdas, como tú mismo te has autonombrado, no me culpes de tus tribulaciones que bien ganadas las tienes porque, de sobra sabes, que son tus malditas costumbres alimenticias las que te tienen postrado en el retrete pariendo cuates, con los carrillos inflados y la tez encendida por los esfuerzos sobrehumanos para tratar de deshacerte de tu infame creación.
Ah, ingrato pedazo de mierda- vociferé, fuera de mí, al tiempo que daba un tremendo pujido que casi me atrofia las vísceras y me revienta los oídos - ingrato y estúpido te portas conmigo que tengo que soportar tus insolencias mientras muero en vida tratando de hacer una amigable cagada y mantener un diálogo fraterno contigo y me pagas de esta guisa, regodeándote en mi desgracia pero sólo te digo que: ¡hay un Dios!, pedazo de mierda, que todo lo ve y lo juzga… ahhhhhhhhhhhhhh…
No te desgastes en esfuerzos inútiles, pedazo de mierda - dijo serenamente amoldado y adherido firmemente a las paredes del recto el ruin pedazo de mierda - que bien sabes que, si no logras expulsarme por tus propios medios, pronto necesitarás una ruda lavativa para librarte de mi presencia en tu culo guango… ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…
Se me erizaron los vellos de la nuca y sentí un sudor frío recorrer mi espina dorsal al escuchar la demencial risa, que parecía salida de ultratumba, de un verdadero pedazo de mierda y, digo verdadero, porque los que yo conozco son tipos que hasta llamarlos pedazos de mierda es un título bastante moderado para los méritos que, día con día, se afanan en perpetrar.
Así es mi querido anfitrión - prosiguió el recalcitrante residuo fecal - tú también eres un pedazo de mierda pululando en este mundo y apestas tanto o más que yo. ¿Acaso no te has dado cuenta de que la mayoría de los que te rodean (pedazos de mierda también pues nadie ve la paja en el ojo ajeno) así te consideran? Puja, puja hasta desgarrarte y sangrarte el culo pues es el único medio de que dispones para liberarte de tu álter ego, tu pedazo de mierda, tu símil pues estamos cortados por la misma tijera… puja, puja infeliz, puja… ja, ja, ja, ja…
Y pujé, por Dios que pujé con todo el ímpetu que el coraje acumulado me daba pero el boquete era estrecho y el pedazo de mierda era en realidad un pedazote de la mierda más dura y obstinada que haber pueda en el universo y dispuesta a llevarme la contraria y hacerme ver mi suerte. Pujé y fui vencido una y otra vez por un mísero desecho excrementicio que se carcajeaba dentro de mis entrañas con sonidos escatológicos en sus dos vertientes de significado.
- Maldito mojón de mierda, valga la redundante y cacofónica expresión, atorado desde hace días y, seguramente, ya comenzando el proceso de putrefacción que me puede llevar a un fin lastimoso y cruel… ajjjjjjjjjjj… te he de echar fuera de mí aunque sea esto lo último que haga en la vida… ajjjjjj…
A fe mía - gruñó la majada parlante - que el tipo tiene agallas y vaya que está haciendo su mejor esfuerzo para librarse de mí… oh, nooo… lo está logrando… auxilioooo… ahhh, que los dioses paganos me amparen…
Y se precipitó en el agua de la taza cayendo estrepitosamente como una piedra, si Newton no mintió, con una aceleración de 9.8 m/seg2, salpicando las magulladas y asquerosas nalgas de su interlocutor que exultante gritaba a todo pulmón:
- Ahhh… volví a nacer… uffff… y aunque me voy con el culo deshecho y en jirones parto feliz por haber vencido esta angustiosa prueba y te dejo allí, deleznable plasta de mierda que osaste compararme contigo y, te digo que no mereces ni que le jale a la cadena… simplemente cantando me voy… y allí te quedas excremento parlanchín… ja, ja, ja… el que ríe al último, ríe mejor… ja, ja, ja…
- No sé nadar… glub, glub, glub… - balbuceaba entre boqueadas de ahogado el mísero y pestilente pedazo de mierda humana. Triste fin al ser menos aún que la caca de elefante con la cual se fabrica papel y se abonan los campos de labranza. Y allí quedó varada en el fondo como silencioso recuerdo de lo que un día fue una abundante y apetitosa comida.
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Mandar a un amigo
23 agosto 2010











